De acuerdo con Faverón Patriau, O. (2019)[1] casi la mitad de la humanidad está conectada a la red (3,500 millones de personas). Niños y jóvenes no recuerdan una infancia sin tecnología y muchos de nosotros la hemos integrado de tal forma a nuestra vida que su presencia se da prácticamente por hecho. Hemos permitido que se apropie de nuestros empleos, nuestro tiempo y nuestra atención. A muchos de nosotros nos resulta más difícil concentrarnos, recordar un número telefónico o un cumpleaños. Ya no tenemos que memorizar, ni siquiera estar alertas, para ello podemos configurar una alarma o un recordatorio.

Si bien la tecnología en sí misma no es buena ni mala, la forma en la que la utilizamos puede perjudicar más que contribuir a mejorar nuestra vida. Phillips, C. señala que estamos constantemente distraídos y nuestro tiempo y atención están invadidos por el poder de la conectividad universal. La hiperconectividad genera sobre estimulación y estrés y esto repercute en nuestra salud y en nuestras relaciones sociales. El mayor peligro está en que su impacto e influencia es tan sutil que fácilmente puede envolvernos hasta atraparnos en este super consumo de información volviéndonos dependientes de ella.

Uno de los peligros que representa la tecnología es sentar el escenario para llevar a cabo un estilo de vida sedentario el cual ocasiona obesidad y problemas de salud[2]. Favorece el que los niños ya no jueguen al aire libre e incluso puede contribuir a la posibilidad de desarrollar depresión por la constante comparación de uno mismo con el mundo virtual y el aislamiento que esto representa (aunque tengamos 1 millón de followers o cientos de amigos en facebook).

A pesar de este panorama, siempre tenemos la capacidad de elegir y hacer cambios que beneficien nuestra vida. Podemos escoger enfocarnos dentro de un mundo lleno de distracciones. Podemos elegir desconectarnos a ratos, volver a lo básico. Phillips, C. comparte una serie de consejos útiles que favorecen que podamos utilizar la tecnología de manera responsable para mejorar nuestra calidad de vida:

  1. Planifica tiempo sin actividad: La posmodernidad nos ha vendido la idea de que tenemos que tener cada segundo de nuestra vida ocupado. Transmitimos este mensaje a los hijos al procurar que no tengan tiempo libre sino que lo utilicen en actividades extraescolares. La realidad es que nuestras mentes y cuerpos necesitan tiempo para descansar y procesar.
  2. Desenchufa los aparatos: desconéctalos de la corriente eléctrica, apaga los celulares, desconecta el internet. ¿Suena como una locura? ¿Cuánto tiempo puedes pasar deconectado? Haz el ejercicio.
  3. Reduce los flujos de información que recibes: Reduce el número de cuentas de correo, de blogs, redes sociales que utilizas. No permitas tanto bombardeo de información.
  4. Deja de intentar estar actualizado en todo momento: para la velocidad vertiginosa en la que se produce la información, esto resulta humanamente imposible. Selecciona contenido de tu interés y no te estreses si no estás al tanto de todo.
  5. Pon límites en tu conectividad: Intenciona ir a tomar un café con un amigo donde no haya wifi, apaga los datos de tu celular o ponlo en silencio un rato dentro de tu bolsillo. Concéntrate en la persona con la que estás.
  6. Establece horarios para revisar tus correos y notificaciones: no debes contestar correos del trabajo fuera de tus horas laborales (a menos que sea una emergencia), procura que tu uso de redes sociales no interfiera con el tiempo de interacción cara a cara que tienes con los demás.
  7. Sé más selectivo: con lo que verificas, a qué te inscribes, cómo recibes las noticias.
  8. Adopta pasatiempos donde no se requiera la tecnología: por ejemplo, salir a caminar, dibujar, leer, etc.
  9. Depura tu teléfono y computadora: deja solo las aplicaciones más esenciales o aquellas de las cuales realmente obtienes algún valor o beneficio.
  10. Da prioridad al descanso: cuida tus horas de sueño, procura respetar tus horarios.

Cuando queremos que los niños y jóvenes utilicen la tecnología de manera responsable debemos predicar con el ejemplo. Para lograrlo empieza por tí:

  • Apaga el teléfono durante las comidas y en momentos familiares. ¿Por qué tus hijos deberían escucharte cuando les dices que apaguen el teléfono si el tuyo está encendido?
  • Usa el internet de forma adecuada. Si estás conectado 24 horas del día los 7 días de la semana ¿por qué tus hijo habrían de hacer lo contrario?
  • Fija límites para tus horas de conexión y para las de ellos.
  • Participa en actividades fuera de la red junto a tus hijos (ej. hagan deporte, visiten parques, jueguen juegos de mesa, platiquen, cocinen juntos, etc.

El poder llevar a cabo un manejo más responsable de la red y nuestro tiempo es posible. Requiere voluntad, esfuerzo y conciencia para lograrlo. Aunque pueda resultar complicado en un inicio, las recompensas serán mayores y facilitarán cada vez más el que podamos desconectarnos de manera más sencilla.

Faverón Patriau, O. (2019)  Humanos digitales: Niños Digitales, YouTube, STEM, Niños Genios, Coeficiente Intelectual y Creatividad, Evolución (Cerebro Mentes Actitudes nº 5). Edición Kindle: https://leer.amazon.com.mx/?asin=B079HZQD1F

Iberlin, J. (2017). Cultivating Mindfulness in the Classroom. The classroom strategies series. Marzano Research: United States of America.

Phillips, C. Unplug. Disconnect to Reconnect. Edición Kindle: https://leer.amazon.com.mx/?asin=B07VRVRW1X

 

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