Maestro, es esa noble profesión que forma a todas las demás profesiones. Es aquella persona que dedica su tiempo a enseñar, modelar, retroalimentar y ayudar a sus alumnos. Como adulto seguramente se puede recordar con cariño a alguna de estas figuras importantes que colaboraron a la creación de quién se es hoy en día. Se puede recordar al profesor como máxima autoridad en el aula, como aquel experto al cual acudir cuando se requería apoyo y aquel que recordaba no solo el nombre de sus alumnos, sino acontecimientos importantes en sus vidas que marcaban el quehacer diario en sus clases.

El maestro como guía, como el adulto responsable de todas aquellas personitas que pasan mañanas enteras de sus vidas con esa persona a quien se confía parte de la formación de los chicos. El maestro muchas veces como confidente, asesor, amigo, consejero de aquellos alumnos que encuentran refugio del mundo en su salón de clases. ¿En qué momento se cambió la percepción que se tenía del maestro? ¿En qué momento se comenzó a desconfiar de sus observaciones, retroalimentaciones y decisiones? ¿Qué fue lo que pasó  para empoderar a padres de familia y alumnos a revelarse contra ellos, a pelearles  y desacreditar sus acciones?

Es verdad que en la era de la información en la que se vive actualmente, el rol de ésta  y de la tecnología han producido modificaciones en la forma en la que se accede, procesa y manejan los datos y en la manera en que las personas aprenden. El papel de la escuela en general se ha visto cuestionado y ha tenido que irse modificando, aunque de manera accidentada, para buscar adaptarse a los cambios sociales y culturales que enfrenta.

El profesor como aquel que poseía la información y el alumno como mero receptor de las lecciones y contenidos quedó atrás desde hace tiempo. Poder acceder a internet y contar con tecnología inteligente permite encontrar cualquier respuesta con un simple clic. El rol del profesor se ha vuelto más complejo y conlleva mayor responsabilidad porque ya no debe sólo enseñar contenidos, sino facilitar el aprendizaje y guiar a los alumnos en el aprovechamiento y desarrollo de habilidades y pensamiento crítico que les permitan enfrentar y solucionar problemas.

La enseñanza se ha transformado en una tarea compleja, no solo se trata de trabajar con contenidos, actividades, dinámicas y con los alumnos en sí. Ahora muchos de los profesores se tienen que enfrentar a una realidad en donde no solo tienen alumnado al cual les cuesta poner atención, sino que se les demanda “hacer dinámica su clase” pues los chicos se aburren.  Algunas escuelas no les permiten tener alumnos reprobados por lo que deben, muchas veces y en contra de su voluntad, aprobar niños quienes requieren mejorar más antes de pasar de grado. Ya no pueden ser autoridad en sus propias aulas tampoco ya que, si regañan a algún alumno, tendrán que enfrentar a un padre de familia molesto porque se corrigió a su hijo. El maestro tiene que tener precaución de no hacer nada que moleste al grupo porque ahora los padres se organizan por medio de Whatsapp para generar un mitin y lograr que corran a ese maestro “malo” que hace sufrir a los chicos. Es la palabra del alumno sobre la del profesor.

Se culpa al docente de aburrido, porque no los motiva, no sabe controlar al grupo, porque no entiende al niño. Si las notas no son las esperadas es culpa del educador y si se atreve a hacer alguna observación sobre el chico, debe ser hecha con sumo cuidado para no herir sensibilidades arriesgándose a que el padre de familia desacredite su comentario con la mano en la cintura. Han incrementado las faltas de respeto de los niños hacia los docentes y hay falta de confianza de los padres hacia el maestro.

Entre más solapen los padres a los hijos, les eviten responsabilizarse de lo que hacen o no hacen, mientras sean los mismos papás quienes critiquen a los profesores delante de sus hijos y lleguen al aula con espada en mano a defender a su crío por no esforzarse y por no cumplir con las expectativas, se continuará criando pequeños tiranos que busquen que el mundo gire alrededor de ellos, incapaces de asumir responsabilidad por sus actos, sin tolerancia alguna a la retroalimentación y con cero capacidad de autocrítica.

Es cierto que existen profesores que fallan y cuya conducta puede ser cuestionable. En esos casos sin duda es necesario acercarse a las autoridades escolares para abordar la situación. Es necesario contar con testimonios, pruebas y si se requiere, testigos, para que se documente el hecho y la escuela sea quien tome las decisiones necesarias para dar solución. Sin embargo, no deja de ser importante que los padres cuiden cómo se expresan de los maestros e inculquen en los niños el respeto por los demás. En caso de surgir un problema, es necesario valorar cada situación e investigar qué pasó. Hay que recordar que, así como hay malos maestros, también hay malos estudiantes.

Necesitan valorarse mutuamente tanto padres como educadores, intercambiar información y estar en comunicación con el objetivo de buscar el bien del niño. Se deben reconocer los esfuerzos que ambos hacen (tanto padres y maestros) ya que todos merecen  respeto.  Deben trabajar juntos y descubrir sus mejores cualidades para ofrecerlas al niño y no perder de vista que está en sus manos y comparten la responsabilidad de la formación de los futuros adultos de esta sociedad.

Imagen: <a href=»http://www.freepik.com»>Designed by Freepik</a>