Al momento de criar a los niños es importante considerar los procesos cerebrales que se llevan a cabo y la forma en que estos pueden ayudar o entorpecer la manera en que se relacionan con su entorno.  El cerebro juega un papel fundamental en la vida las personas ya que determina quiénes somos y qué hacemos. Nuestras experiencias cambian la estructura física del cerebro por lo tanto las decisiones que tomamos y lo que decidimos hacer o dejar de hacer impacta en su desarrollo y configuración.

Siegel, D. & Payne, T.[1] llaman integración al proceso de configuración y reconfiguración del cerebro que le permite generar conexiones entre sus distintas partes gracias a las experiencias vividas y enfatizan que un cerebro integrado puede llevar a cabo mucho más que lo que sus partes en lo individual pueden lograr por su cuenta. En niños y jóvenes los padres o cuidadores somos los principales responsables de establecer los cimientos para que éstos logren un buen desarrollo físico, mental y emocional y pueda realizarse el proceso de integración cerebral.

El estilo de crianza que adoptemos ayudará o entorpecerá el que se puedan llevar a cabo los procesos de integración. Cuando criamos desde el lado del caos no se percibe control de la situación, hay confusión, no hay límites y se genera agitación. Cuando criamos desde el lado de la rigidez buscamos controlarlo todo y a todos sin negociación, flexibilidad o adaptación. Cuanto más se acerque nuestra reacción a uno u otro extremo más alejamos al niño de la salud mental y emocional. Siegel, D. & Payne,T.  señalan que si en las conductas del niño se percibe caos o rigidez se puede inferir que el niño no se encuentra en un estado de integración.[2]

La integración a la que se refieren estos autores puede ocurrir de dos maneras:

Integración Horizontal: Se refiere a la comunicación existente entre los dos hemisferios cerebrales para ayudarle al niño a regular su comportamiento según sea la situación. El hemisferio izquierdo se encarga de los procesos lógicos, matemáticos, de lenguaje y resolución de problemas y el hemisferio derecho de las respuestas emocionales, artísticas, holísticas y creativas de la persona.

El hemisferio derecho predomina en los niños durante los primeros 3 años de vida por lo que para ellos no existe la lógica ni las responsabilidades. Nos podemos dar cuenta del inicio de la conexión que hacen con el hemisferio izquierdo cuando comienzan a cuestionar el por qué de su entorno. Cuando su comportamiento se va hacia  cualquiera de los extremos, hemisferio izquierdo o derecho, como padres podemos ayudarlos a compensar y conectar con el hemisferio opuesto ayudándoles a realizar actividades propias de dicho hemisferio. Por ejemplo si el niño reacciona con llanto ante la imposibilidad de subirse al juego que quería porque otro niño lo ha hecho antes que él (hemisferio derecho), como adultos podemos ayudarle a conectar con su cerebro izquierdo dialogando con él acerca de la importancia de tomar turnos y ayudándole a darse cuenta que su turno llegará y podrá gozar del juego también. De esta forma los niños aprenden a pasar de un lado a otro del cerebro fomentando la regulación emocional.

Lo mismo podemos hacer si el niño por ejemplo tiene un razonamiento literal y poco empático respecto a jugar con otro niño no queriendo convivir porque él trae su juguete y el otro niño no y no quiere compartir el suyo. Si en este caso le ayudamos a reconocer cómo puede sentirse el otro niño por no contar con un juguete y le ayudamos a empatizar con las emociones del otro también contribuimos a que pueda generar dichas conexiones necesarias para lograr la integración.

 

Integración Vertical: El cerebro se divide en tres, el cerebro reptil o cerebro límbico que permite actuar instintivamente y tomar decisiones automáticas relacionadas con la supervivencia, el cerebro mamífero que nos orienta hacia la conexión y las relaciones con los demás y el cerebro cortical o neocorteza que nos permite utilizar lenguaje, planificar, postergar, hacer cálculos y comportarnos de manera racional. Esta integración se da de manera vertical ya que estos tres cerebros se encuentran colocados como si fueran capas, el cerebro límbico en la capa inferior cercana a la nuca donde está el tallo cerebral, el cerebro mamífero por la zona de la amígdala a la altura de las orejas y el cerebro cortical o neocorteza en la parte superior de la cabeza.

El cerebro inferior predomina en los niños, el tallo cerebral es responsable de generar reacciones instintivas y la amígdala de la generación de emociones intensas. Cuando esto sucede con niños pequeños les podemos distraer para desconectarlos de la emoción y parar el berrinche o a los niños mayores les podemos platicar historias de cómo resolvimos un problema similar. Podemos ofrecerles un incentivo si logran la conducta deseada, o podemos generar con ellos un plan de acción o dividir el reto en pasos más manejables, etc.

Cuando el cerebro superior funciona bien el niño puede regular sus emociones, puede pensar antes de actuar y considerar a los demás. Una rabieta desde el cerebro superior donde le niño es consciente del entorno y lo manipula a voluntad, exige límites claros por parte nosotros para ponerle fin. Por el contrario, una rabieta desde desde el cerebro inferior, presente de manera más frecuente en niños pequeños, necesita que se le reconforte y se le ofrezca afecto ya que sus emociones están desbordadas y no puede racionalizar lo que le pasa.

El cerebro funciona mejor cuando la parte inferior y superior están integradas, al igual que las conexiones entre hemisferio derecho e izquierdo. Sin embargo esto no sucede en su totalidad hasta pasados los 20 años de edad. Como padres o cuidadores debemos mantener expectativas realistas respecto a esta integración tomando en cuenta que el cerebro inferior está completo desde el nacimiento pero el superior no. La neocorteza se puede considerar madura una vez que el joven entra a la adultez temprana, mientras tanto somos los adultos los que debemos colaborar en ayudar a niños y jóvenes en la regulación de su comportamiento.

 

Referencia: Siegel, D. & Payne, T. El cerebro del niño. 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo. Ed. ALBA

Imagen: <a href=’https://www.freepik.es/fotos/acuarela’>Foto de Acuarela creado por freepik – www.freepik.es</a>