Es muy natural que como padres, demos prioridad a nuestros hijos en muchos aspectos de la vida. Sin embargo esto puede ocasionar que  caigamos en el descuido del cuidado personal. Cosas pequeñas como tener tiempo para teñirnos el cabello, tener una hora más de sueño, comer a tiempo el desayuno, a veces resulta imposible y justificamos la falta de atención hacia nuestra persona debido a que estamos atendiendo a los niños.  Es cierto que como padres hemos hecho y seguiremos haciendo, muchos sacrificios por nuestros hijos, sin embargo esto no debe ser a costa de nuestra propia salud física y mental.

Así como damos prioridad a que los niños desayunen por la mañana, se lleven un refrigerio, tengan comida lista a medio dia y la cena, se bañen y duerman a sus horas, lo mismo debe aplicar para nosotros.  Somos los principales cuidadores y modelamos comportamientos, lo queramos o no. Sin embargo hay una cosa que muchas veces nos impide cuidarnos a nosotros mismos: la culpa. Como padres vivimos todo el tiempo con culpa. Culpa por tener que trabajar, culpa por no tener tiempo suficiente para convivir, culpa por no poder pagar x o y, culpa por llegar cansados a casa, etc. Si a esa culpa todavía le añadimos la necesidad de tomarnos tiempo para nosotros mismos, puede ser que en nuestra mente seamos los peores padres del mundo.

Es verdad que ser padre es agotador, pero esta tarea puede complicarse si intentamos hacerla desde un cuerpo privado de sueño, alimento o líquido. Si andamos por el mundo con hambre emocional, la necesidad de autorrealización, convivencia o amor puede llegar un momento en que esto se vuelva insostenible y pueden pasar dos cosas:

  • Nos enfermamos (física y/o mentalmente)
  • Les cobramos muy cara la factura a los hijos con interminables recuentos sobre todos los sacrificios que hicimos por ellos esperando una paga (emocional, en tiempo o especie) por parte de ellos.

La realidad es que debes cuidarte si quieres ser un mejor padre. Si tú no estás bien, tu entorno tampoco lo estará. Es fácil caer en la trampa de dejar que las cosas se deslicen gradualmente en ciertas áreas y la apariencia y la salud son algunas de ellas. Por otra parte  resulta muy importante no pensar que te saltas el desayuno o el almuerzo como sacrificio por todo lo que tienes que hacer por tus hijos. No eres un superhéroe y debes recordar que antes que padre eres persona y como persona tienes derechos, obligaciones y también necesidades.  En última instancia, eres responsable de cuidarte.

La realidad es que si tomas estas medidas en consideración, te organizas, salvaguardas tus tiempos de descanso, esparcimiento, nutrición, aseo y cuidado personal estarás más saludable, menos estresado, tendrás una actitud más positiva y podrás rendir mucho más para tus hijos. Todo es cuestión de equilibrio. Si sientes que tu solo no puedes con todo, se vale pedir ayuda, no es necesario adoptar el papel de mártir. Tus hijos te necesitan y te necesitan bien.

Referencia: Amos, M. (2018). Become a better parent. Edición Kindle:https://leer.amazon.com.mx/?asin=B07KFPR16N

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